Segundo examen: los analistas comprueban el archivo real
Solo los productos que pasen el primer filtro llegan a esta fase. Ahora sí se invierte tiempo de los analistas en preparar y revisar preguntas de su propio trabajo. Si la documentación es reservada, todo permanece dentro del perímetro autorizado, incluidas las respuestas de referencia, las citas y la revisión. El banco interno se prepara una vez para comparar a los candidatos que hayan llegado hasta aquí.
El analista parte de una consulta real o de un pasaje relevante. Deja claro quién, qué relación, qué periodo y qué alcance interesan; después anota la respuesta esperada y conserva la evidencia completa, con documento, versión y página. No basta con encontrar los nombres o las cifras: el pasaje tiene que sostener la relación preguntada.
A se redacta como una pregunta directa y comprensible por sí sola. B pide exactamente lo mismo con otras palabras, sin cambiar sujetos, fechas, atribuciones ni reservas. Se conservan los nombres necesarios, pero no se añaden la página o las líneas de la solución. Tampoco se fuerza una redacción artificial para reducir el vocabulario compartido: el parecido léxico describe el banco, no garantiza su validez.
Las demás familias de la tabla completan el examen. Una premisa falsa necesita una corrección documentada; una consulta ambigua debe indicar qué aclaración se espera; un caso sin evidencia debe delimitar el material examinado. Cada ficha conserva su tipo, la conducta esperada, la respuesta cuando proceda, las fuentes y quién la revisó.
Los participantes siguen una pauta común y, cuando sea posible, una segunda persona comprueba cada ficha. No necesitamos que todos escriban igual ni fabricar mil consultas. Necesitamos preguntas que representen el trabajo, referencias comprobables y reglas estables. Este segundo examen permite decidir si la herramienta sirve en ese archivo, no solo si responde bien con los libros de la primera prueba.