V. Los especialistas en la forma
Nada de lo anterior debe leerse como desprecio. Los sistemas de frontera han llevado la idea básica a una escala difícil de imaginar, con más datos, más parámetros y más potencia, y el mérito es real. Cuando un asunto está ampliamente y de forma consistente documentado, la continuación plausible coincide muchas veces con hechos bien asentados. En amplios territorios del conocimiento, la plausibilidad estadística puede acercarse tanto a la veracidad que, en la práctica cotidiana, ambas parecen confundirse. Ahí nace el asombro legítimo: el sistema parece saber y muchas veces, a efectos prácticos, es como si supiera.
Pero hay que mirar qué aprendieron exactamente esas máquinas con toda esa escala. Conviene separar tres planos. Aprendieron información externa, los hechos, en la medida en que estaban representados en los textos de entrenamiento. Aprendieron también regularidades de la argumentación humana: cómo se ordena una explicación, cómo se concede antes de rebatir o cómo se dosifica un matiz. Y aprendieron regularidades de la comunicación convincente: el tono de solvencia, la estructura y el envoltorio formal. Estas dos últimas dimensiones son patrones de forma especialmente visibles en grandes cantidades de texto. Esa competencia formal ayuda a explicar por qué una respuesta puede sonar extraordinariamente sólida aunque el respaldo factual concreto todavía necesite comprobación.
El resultado es una herramienta genuinamente extraordinaria en la forma: organiza, explica, resume, relaciona y redacta con una competencia que hace pocos años parecía inalcanzable. Los procesos de ajuste modernos también pueden premiar la veracidad, la prudencia y la capacidad de reconocer incertidumbre. Pero una respuesta mejor entrenada para ser veraz sigue sin convertirse por ello en una prueba documental. Esa es la frase que este libro necesita que el lector conserve: la fluidez puede ser constante; la veracidad debe comprobarse cuando la decisión depende de ella. Lo peligroso no es que la máquina se equivoque siempre, porque no lo hace. Es que un error puede llegar con la misma calidad formal que un acierto.