Un ejemplo de la vida real ayuda a fijar dónde termina el mapa. Hay ciencias que, en su primer nivel, funcionan por probabilidad la medicina es la más clara. El médico escucha, y el diagnóstico inicial es en el fondo un cálculo, estos síntomas coinciden con estas enfermedades, en este orden de frecuencia. Ese trabajo una máquina lo hace hoy en una fracción del tiempo, y en muchos casos habituales acierta precisamente porque están donde la frecuencia dice que deben estar. El problema es el paciente de los diez síntomas donde uno no encaja. Para el mecanismo estadístico, ese síntoma discordante es ruido, pesa poco, no arrastra el promedio, la respuesta más probable lo ignora. Para el buen clínico es exactamente lo contrario, es el dato que manda, precisamente porque no encaja el que puede cambiar el diagnóstico entero. Detectarlo no es cálculo, es pensamiento lateral, curiosidad, la incomodidad creativa ante lo que no cuadra. Es la eterna pregunta del buen analista ante un hecho que se sale de la serie, ¿esto es un valor suelto o el inicio de una tendencia? Una máquina de probabilidades puede no reconocer la tendencia nueva hasta que se afiance hasta que sea frecuencia que es justamente cuando ya no hace falta talento para verla. Ahí, en ese caso que queda fuera del patrón, vive lo que de momento nos hace absolutamente diferentes. Y conviene ser honestos, tampoco todo humano lo ve. Lo ve el que lleva años entrenando la mirada. La máquina no sustituye al analista; sustituye al analista que trabajaba como una máquina.
Ver el índice ↓
El libro / Lectura completa
Introducción
VI. Dónde sirve y dónde traiciona, un mapa de cuatro papeles · continuación
Texto de la edición definitiva de 232 páginas. Lectura repartida en 13 páginas web.